BUSCAR… ¿Y NO ENCONTRAR?
Hace poco una persona me decía:
“Estuve 20 años buscando, cuestionándomelo todo, asistiendo a diferentes terapias y actividades, grupos de crecimiento… y me cansé de todo eso. Hoy quiero la vida simple y no me interesa más buscar para adentro”.
Y me quedé pensando…
¿Por qué ese cansancio? ¿Será desilusión? ¿Qué habrá esperado encontrar que no encontró? ¿Qué pasó allí?
Y comprendí que es muy necesario distinguir entre el activismo y el camino interior. Ir a todos los cursos, terapias y demases no me asegura SER TOCADO INTERIORMENTE, ni ningún cambio. El “vitrineo psicològico, tan de moda, no me asegura crecimiento. Si así fuera los sicólogos serían los seres más evolucionados de todos.
Y vuelvo a Jung una vez más. El dijo que todos los pacientes que llegaban a sus consultas, todos, sin excepción, tenían un problema espiritual. O, como dijo Vìctor Frankl, de sentido de la vida.
Quién soy, para dónde voy, para qué existo.
Las preguntas fundamentales de siempre esperando respuesta en nosotros.
Hace un tiempo vengo diciendo que a una vida religiosa y/o espiritual (porque no siempre son sinónimos) sin un cambio real y tangible, exterior e interior, yo de verdad la pongo en duda. Creo que el fruto de lo verdaderamente espiritual y/o religioso es nuestra transformación. “Hay que nacer de nuevo”, dice Jesùs, y apunta a un nuevo ser, a una transformaciòn real en nosotros.
Y esa transformaciòn no se logra con cursos, actividades, diferentes terapias, doctrinas, ritos… se logra buscando respuestas a esas preguntas fundamentales, y eso requiere INTROSPECCIÒN. Mirar adentro y no sólo afuera. Los cursos o terapias sirven para ayudarnos a mirar adentro, pero jamàs pueden reemplazar nuestra propia mirada interior y nuestra búsqueda. Jamás encontraré afuera lo que sólo puedo encontrar adentro… Jamás.
El camino interior o la espiritualidad requiere la valentía de atreverme a descubrir quién soy, con mis luces y mis sombras, con toda mi realidad sea la que sea, y va profundizando lenta y progresivamente en mi ser hasta el ser profundo.
Por eso es contrasentido que esa profundización, autodescubrimiento y transformación, que incluye la comprensiòn de nuestra vida y nuestro ser, la liberación de ataduras y sanación de heridas y la reconciliación con nosotros y los demás, pueda cansar. Es como decir que la salud, el progreso o la libertad cansan.
Joseph Campbell, seguidor de Jung, en sus libros habla del VIAJE DEL HEROE, que es el viaje arquetìpico que todo ser humano está llamado a hacer en su camino de individuación, o de crecimiento o madurez. Habla que este viaje tiene distintas etapas, y que siempre además de la “llamada”con que se inicia, hay un rompimiento o morir… y desde allì el renacer.
Jesús lo dijo hace 2 mil años. “Hay que morir para nacer”…
Tambièn hablan de eso los mitos griegos.
Y los cuentos de hadas.
Y toda la mitología en todas las culturas.
El tema no es que me canse de profundizar… el tema es preguntarnos si tras 20 años de búsquedas y actividades, realmente he transformado mi ser, he renacido… o me mantengo muy aferrado a mi personalidad y mis creencias, mientras vitrineo y vagabundeo por diferentes ofertas del mercado sicológico o espiritual.
A muchos hoy les pasa lo de esta persona. Hay una verdadera compulsión en buscar y hacer cosas… por eso la enorme oferta de cursos, terapias, sanaciones, técnicas y demases… que dicen meternos a mirar adentro… pero que de verdad nos marean, cansan, encantan… y luego volvemos a lo mismo. Y hay que buscar otro y otro para llenar el vacío del anterior. Y así nos creemos abiertos y buscadores, y somos los mejores clientes de este mercado. Y evitamos lo único que nos sirve de verdad: mirar adentro e ir profundizando en ese mirar.
El desafìo es adentro de nosotros… y desde allì trascendernos.
O desde la trascendencia llegar al Yo profundo, a nuestro interior, y mirar desde allì.
Y muchos tratamos de reemplazar ese “insight” por cursos, terapia, grupos, personas o la religión. Pero no se trata de creencias, ni de actividades o ritos, sean los que sean, se trata de sentido de la vida, de transformaciòn, de cambio, de compromiso con mi propio ser y con los demás, de ir llegando a ser ese Cristo que de verdad somos. O el Buda que hay dentro de nosotros para los que son budistas. O como cada cual segùn su fe quiera llamar a ese espìritu que vive en cada uno de nosotros y que es divino.
No es con cursos, es CON-Migo y CON Otro. Así dejaremos de ser narradores de anécdotas y experiencias, y compartiremos nuestro ser profundo, divino. Pasaremos de las relaciones sociales a las relaciones profundas, desde el ser real, y no desde lo que hemos conseguido o de lo que mostramos.
El crecimiento espiritual no se trata de cursos ni de creencias… es un VIAJE… donde yo, y sólo yo, soy la/el protagonista y donde yo, y sólo yo, DECIDO la calidad de mi vida y la profundidad de mi viaje.
No hay tal “papa” afuera… basta de encandilarnos con las mercaderías de este gran mercado esotérico. La “gran y ùnica papa”, creo yo, está en descubrir mi propio ser hecho a imagen y semejanza de Dios. Descubrir lo que sólo esta frase significa –YO A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS- y lo que conlleva es tarea de toda la vida.
Si en el viaje sagrado hacia mi interioridad, logro morir a la mirada de misma de indigno, pecador y desgraciado –abonada por milenios de doctrinas duras contrarias la hombre- y logro redescubrir mi verdadera identidad… de hijo de Dios… yo aseguro que toda, toda, la vida entera, cambia… Cambia la mirada hacia mi mismo y la mirada hacia cada uno de los demàs… y la mirada a Jesucristo y al Padre. Deja de ser creencia para convertirse en VIVENCIA o experiencia.
Ese es el gran convite a las bobas… aquellas en que todos se disculparon porque estaban ocupados… en los negocios, hoy también en cursos… y a las que sólo entraron los pobres y enfermos que no tenían nada más que hacer… y por eso… en ese silencio… pudieron escuchar la “llamada”. Y asistir al banquete.
Vale la pena ir profundizando en mi humanidad… que es mi divinidad… que es esa Imagen y Semejanza que soy de Dios. Y eso es imposible que produzca cansancio…
Nos cansa lo externo… la diversidad en la superficie que aparenta ser profundidad… Pero el viaje hacia la Tierra Prometida… o el Yo profundo… hacia mi hogar interior… hacia el Padre… o hacia mi mismo, es una aventura apasionante…
Es increíble de verdad, nacer siendo ya viejo… Y es de verdad.
Y es para todos… sólo que hay que zambullirse, empaparse… Enteros, no sirve mojarse sólo los pies. ¡Paremos de ser engañados!
El fruto es la libertad y el Espìritu, la visión y el oído abiertos.
Gracias a todos los que me leen… y a los que no también.
Y gracias al Padre Felipe Berríos, valiente y certero, por atreverse a denunciar a los “talibanes” católicos, muchos de ellos laicos, radicales fanáticos que ahogan con sus verdades humanas que creen infalibles, y que nos las quieren imponer a todos los demás por ley. Gracias por atreverse a denunciar a esos que son pocos, pero poderosos.
¡Felices vacaciones a todos!
“Estuve 20 años buscando, cuestionándomelo todo, asistiendo a diferentes terapias y actividades, grupos de crecimiento… y me cansé de todo eso. Hoy quiero la vida simple y no me interesa más buscar para adentro”.
Y me quedé pensando…
¿Por qué ese cansancio? ¿Será desilusión? ¿Qué habrá esperado encontrar que no encontró? ¿Qué pasó allí?
Y comprendí que es muy necesario distinguir entre el activismo y el camino interior. Ir a todos los cursos, terapias y demases no me asegura SER TOCADO INTERIORMENTE, ni ningún cambio. El “vitrineo psicològico, tan de moda, no me asegura crecimiento. Si así fuera los sicólogos serían los seres más evolucionados de todos.
Y vuelvo a Jung una vez más. El dijo que todos los pacientes que llegaban a sus consultas, todos, sin excepción, tenían un problema espiritual. O, como dijo Vìctor Frankl, de sentido de la vida.
Quién soy, para dónde voy, para qué existo.
Las preguntas fundamentales de siempre esperando respuesta en nosotros.
Hace un tiempo vengo diciendo que a una vida religiosa y/o espiritual (porque no siempre son sinónimos) sin un cambio real y tangible, exterior e interior, yo de verdad la pongo en duda. Creo que el fruto de lo verdaderamente espiritual y/o religioso es nuestra transformación. “Hay que nacer de nuevo”, dice Jesùs, y apunta a un nuevo ser, a una transformaciòn real en nosotros.
Y esa transformaciòn no se logra con cursos, actividades, diferentes terapias, doctrinas, ritos… se logra buscando respuestas a esas preguntas fundamentales, y eso requiere INTROSPECCIÒN. Mirar adentro y no sólo afuera. Los cursos o terapias sirven para ayudarnos a mirar adentro, pero jamàs pueden reemplazar nuestra propia mirada interior y nuestra búsqueda. Jamás encontraré afuera lo que sólo puedo encontrar adentro… Jamás.
El camino interior o la espiritualidad requiere la valentía de atreverme a descubrir quién soy, con mis luces y mis sombras, con toda mi realidad sea la que sea, y va profundizando lenta y progresivamente en mi ser hasta el ser profundo.
Por eso es contrasentido que esa profundización, autodescubrimiento y transformación, que incluye la comprensiòn de nuestra vida y nuestro ser, la liberación de ataduras y sanación de heridas y la reconciliación con nosotros y los demás, pueda cansar. Es como decir que la salud, el progreso o la libertad cansan.
Joseph Campbell, seguidor de Jung, en sus libros habla del VIAJE DEL HEROE, que es el viaje arquetìpico que todo ser humano está llamado a hacer en su camino de individuación, o de crecimiento o madurez. Habla que este viaje tiene distintas etapas, y que siempre además de la “llamada”con que se inicia, hay un rompimiento o morir… y desde allì el renacer.
Jesús lo dijo hace 2 mil años. “Hay que morir para nacer”…
Tambièn hablan de eso los mitos griegos.
Y los cuentos de hadas.
Y toda la mitología en todas las culturas.
El tema no es que me canse de profundizar… el tema es preguntarnos si tras 20 años de búsquedas y actividades, realmente he transformado mi ser, he renacido… o me mantengo muy aferrado a mi personalidad y mis creencias, mientras vitrineo y vagabundeo por diferentes ofertas del mercado sicológico o espiritual.
A muchos hoy les pasa lo de esta persona. Hay una verdadera compulsión en buscar y hacer cosas… por eso la enorme oferta de cursos, terapias, sanaciones, técnicas y demases… que dicen meternos a mirar adentro… pero que de verdad nos marean, cansan, encantan… y luego volvemos a lo mismo. Y hay que buscar otro y otro para llenar el vacío del anterior. Y así nos creemos abiertos y buscadores, y somos los mejores clientes de este mercado. Y evitamos lo único que nos sirve de verdad: mirar adentro e ir profundizando en ese mirar.
El desafìo es adentro de nosotros… y desde allì trascendernos.
O desde la trascendencia llegar al Yo profundo, a nuestro interior, y mirar desde allì.
Y muchos tratamos de reemplazar ese “insight” por cursos, terapia, grupos, personas o la religión. Pero no se trata de creencias, ni de actividades o ritos, sean los que sean, se trata de sentido de la vida, de transformaciòn, de cambio, de compromiso con mi propio ser y con los demás, de ir llegando a ser ese Cristo que de verdad somos. O el Buda que hay dentro de nosotros para los que son budistas. O como cada cual segùn su fe quiera llamar a ese espìritu que vive en cada uno de nosotros y que es divino.
No es con cursos, es CON-Migo y CON Otro. Así dejaremos de ser narradores de anécdotas y experiencias, y compartiremos nuestro ser profundo, divino. Pasaremos de las relaciones sociales a las relaciones profundas, desde el ser real, y no desde lo que hemos conseguido o de lo que mostramos.
El crecimiento espiritual no se trata de cursos ni de creencias… es un VIAJE… donde yo, y sólo yo, soy la/el protagonista y donde yo, y sólo yo, DECIDO la calidad de mi vida y la profundidad de mi viaje.
No hay tal “papa” afuera… basta de encandilarnos con las mercaderías de este gran mercado esotérico. La “gran y ùnica papa”, creo yo, está en descubrir mi propio ser hecho a imagen y semejanza de Dios. Descubrir lo que sólo esta frase significa –YO A IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS- y lo que conlleva es tarea de toda la vida.
Si en el viaje sagrado hacia mi interioridad, logro morir a la mirada de misma de indigno, pecador y desgraciado –abonada por milenios de doctrinas duras contrarias la hombre- y logro redescubrir mi verdadera identidad… de hijo de Dios… yo aseguro que toda, toda, la vida entera, cambia… Cambia la mirada hacia mi mismo y la mirada hacia cada uno de los demàs… y la mirada a Jesucristo y al Padre. Deja de ser creencia para convertirse en VIVENCIA o experiencia.
Ese es el gran convite a las bobas… aquellas en que todos se disculparon porque estaban ocupados… en los negocios, hoy también en cursos… y a las que sólo entraron los pobres y enfermos que no tenían nada más que hacer… y por eso… en ese silencio… pudieron escuchar la “llamada”. Y asistir al banquete.
Vale la pena ir profundizando en mi humanidad… que es mi divinidad… que es esa Imagen y Semejanza que soy de Dios. Y eso es imposible que produzca cansancio…
Nos cansa lo externo… la diversidad en la superficie que aparenta ser profundidad… Pero el viaje hacia la Tierra Prometida… o el Yo profundo… hacia mi hogar interior… hacia el Padre… o hacia mi mismo, es una aventura apasionante…
Es increíble de verdad, nacer siendo ya viejo… Y es de verdad.
Y es para todos… sólo que hay que zambullirse, empaparse… Enteros, no sirve mojarse sólo los pies. ¡Paremos de ser engañados!
El fruto es la libertad y el Espìritu, la visión y el oído abiertos.
Gracias a todos los que me leen… y a los que no también.
Y gracias al Padre Felipe Berríos, valiente y certero, por atreverse a denunciar a los “talibanes” católicos, muchos de ellos laicos, radicales fanáticos que ahogan con sus verdades humanas que creen infalibles, y que nos las quieren imponer a todos los demás por ley. Gracias por atreverse a denunciar a esos que son pocos, pero poderosos.
¡Felices vacaciones a todos!
