EL SEGUNDO PARTO
He conocido las cimas… y las simas.
He volado muy alto… y he caído muy bajo.
Conozco la luz… y mucha sombra. La mía y la de otros.
He sentido, sufrido, experimentado, y vivido.
Pero lo que más, más me ha costado es integrar estos contrastes y hacerme amiga de ellos. Amar tantos mis vuelos y caídas, mis risas como mis llantos… y agradecer todo y cada momento vivido.
Todo ha contribuido a ser el ser que soy.
Y sigo despertando, sorprendiéndome, apasionándome, sintiendo y experimentando tantas cosas… y también el misterio. Nada es estático en mi vida. Siempre hay movimiento, a veces demasiado. Y en medio de todo ello, una calma, confianza y fe profundas.
Al parecer esos contrastes conforman mi ser.
No sé separar lo espiritual de no espiritual. No conozco las fronteras donde comienza mi vida espiritual… del resto de mi vida. Todo me conduce a ser persona, a ser quien soy… al misterio y la realidad. Siento seguridad, confianza y fe… y casi ninguna certeza. Me apasiona la vida y su misterio, Dios y su misterio, el hombre y su misterio. Y a pesar de las pocas certezas… siento la certeza del amor, la seguridad y la confianza. Comprendo poco, pero siento y percibo muchas cosas más allá de eso que comprendo. Y eso me hace vivir sorprendida a veces… y siempre agradecida.
El otro día me preguntaban cómo había conocido a Dios, cómo había llegado a esa relación…
Es un camino largooooooo dije. De sorpresas, de alturas, de dudas, de luces y de muchas caídas, errores y sombras. No sé el cómo… más bien El ha salido a mi encuentro. Yo sólo he aprendido a reconocerlo. En mi propia vida, en la de cada día, en cada una de mis experiencias, y, sobre todo, en mis fracasos y luchas. Ha sido más en mis sombras que en la luz. Ha sido más en mi rescate que en mis bondades. Ha sido más cuando me he perdido… que cuando he creído encontrar. En el vacío…más que en las certezas y apegos. Más bien cuando he renunciado… que cuando lo he querido asir.
Es parte del misterio que es también certeza.
Veo inquietud en muchas personas. Veo certezas incuestionables, definiciones intransigentes de Dios… donde no hay lugar para el misterio de Dios… y donde las aparentes certezas esconden las mayores dudas y desconfianzas. Y veo también dudas e inseguridad reconocidas… pero en una búsqueda honesta.
Tal vez lo más terrible de la vida espiritual es quedarse cómodo y estático, creyendo haber encontrado y tenerlo todo claro y en la mano, todo racionalizado y explicado… pero con un escondido pánico al vacío y al error. La neurosis del miedo a la incertidumbre, o a la diversidad que se vive como amenaza… que se tapa con certezas incuestionables y dogmas inexplicables. Y con intolerancias que esconden el miedo y la desconfianza.
“Hay que nacer de nuevo... para ver y entrar al Reino de Dios” (Jn. 3, 1-15), dice Jesús.
Y todo nacimiento se produce a través de un parto. Y un parto implica cambios profundos en todos los niveles del ser. Implica transformación. Estar dispuestos a abrirnos a lo nuevo, salir de prejuicios y creencias de siempre, de lo conocido, a buscar, a cambiar, a transformarnos.... a veces más allá de nuestro corto entendimiento. Muchas veces en el misterio… y en la incertidumbre de lo que encontraremos.
¿Será por eso que algunos jamás se embarazan, otros abortan, y muchos prolongan el parto para toda la vida? Pocos se arriesgan...hasta el fin.
Pero no hay nacimiento sin cambio.
Sólo desde ese nacimiento espiritual se puede conocer e interpretar lo espiritual.
Y no es por polvos mágicos que caen del cielo, es una decisión y nuestra responsabilidad.
En esa búsqueda empiezan a pasar muchas cosas.
Caen muchas cosas que creíamos infalibles o seguras... partiendo por la misma infabilidad. Abrirnos a lo nuevo no es nada fácil. Jamás lo ha sido. Por eso asesinaron a Jesús. Los ignorantes que creían sabían...
Hay que salir de la ignorancia....y la arrogancia, su hermana. De siglos de ignorancia y malas interpretaciones. En la era de la información y la ciencia, debemos de verdad in-formarnos, es decir, dar forma a nuestro interior. Leer, preguntar, dialogar, oír, oírnos, contactarnos con nuestro ser interior, con nuestra necesidad profunda ... ayudarnos en ese parto nuestro, que es del espíritu. Salir de la pasividad, el conformismo y la pereza hacia la búsqueda. También de los resentimientos que encadenan.
Como el hijo pródigo, que también hubo de renunciar a lo conocido, a su casa y su padre, y salió en busca de su vida, de su verdad. Y volvió nuevo, otro ser. Tal vez se equivocó... o se cayó, o pecó...pero encontró o se encontró. Porque se oyó, pudo oír, y dejarse abrazar y amar. La búsqueda de Dios y la de sí mismo es lo mismo. Y no sólo las creemos diferentes, sino antagónicas.
En el corazón, en nuestros latidos está y vive Dios... no es por allá... es aquí dentro de nosotros... Está en nosotros... pero nos han convencido que está por allá lejos en su cielo. . ¡Es que hay tantos engaños que parecen verdades!
Nacer de nuevo… una gran oportunidad que nos da la vida… y de nosotros depende si escuchamos. La fe no es un don, la fe es más bien una opción, una necesidad, un oído abierto, un corazón abierto… un anhelo. Una seguridad profunda con pocas certezas. Un abrazo de amor… en medio del misterio. La única certeza del amor… en medio de muchas interrogantes.
Y queremos cambiar ese abrazo por certezas racionales incuestionables… que nos alejan del amor y el misterio… y nos hunden en la arrogancia y la intolerancia. Un muy mal negocio.
He volado muy alto… y he caído muy bajo.
Conozco la luz… y mucha sombra. La mía y la de otros.
He sentido, sufrido, experimentado, y vivido.
Pero lo que más, más me ha costado es integrar estos contrastes y hacerme amiga de ellos. Amar tantos mis vuelos y caídas, mis risas como mis llantos… y agradecer todo y cada momento vivido.
Todo ha contribuido a ser el ser que soy.
Y sigo despertando, sorprendiéndome, apasionándome, sintiendo y experimentando tantas cosas… y también el misterio. Nada es estático en mi vida. Siempre hay movimiento, a veces demasiado. Y en medio de todo ello, una calma, confianza y fe profundas.
Al parecer esos contrastes conforman mi ser.
No sé separar lo espiritual de no espiritual. No conozco las fronteras donde comienza mi vida espiritual… del resto de mi vida. Todo me conduce a ser persona, a ser quien soy… al misterio y la realidad. Siento seguridad, confianza y fe… y casi ninguna certeza. Me apasiona la vida y su misterio, Dios y su misterio, el hombre y su misterio. Y a pesar de las pocas certezas… siento la certeza del amor, la seguridad y la confianza. Comprendo poco, pero siento y percibo muchas cosas más allá de eso que comprendo. Y eso me hace vivir sorprendida a veces… y siempre agradecida.
El otro día me preguntaban cómo había conocido a Dios, cómo había llegado a esa relación…
Es un camino largooooooo dije. De sorpresas, de alturas, de dudas, de luces y de muchas caídas, errores y sombras. No sé el cómo… más bien El ha salido a mi encuentro. Yo sólo he aprendido a reconocerlo. En mi propia vida, en la de cada día, en cada una de mis experiencias, y, sobre todo, en mis fracasos y luchas. Ha sido más en mis sombras que en la luz. Ha sido más en mi rescate que en mis bondades. Ha sido más cuando me he perdido… que cuando he creído encontrar. En el vacío…más que en las certezas y apegos. Más bien cuando he renunciado… que cuando lo he querido asir.
Es parte del misterio que es también certeza.
Veo inquietud en muchas personas. Veo certezas incuestionables, definiciones intransigentes de Dios… donde no hay lugar para el misterio de Dios… y donde las aparentes certezas esconden las mayores dudas y desconfianzas. Y veo también dudas e inseguridad reconocidas… pero en una búsqueda honesta.
Tal vez lo más terrible de la vida espiritual es quedarse cómodo y estático, creyendo haber encontrado y tenerlo todo claro y en la mano, todo racionalizado y explicado… pero con un escondido pánico al vacío y al error. La neurosis del miedo a la incertidumbre, o a la diversidad que se vive como amenaza… que se tapa con certezas incuestionables y dogmas inexplicables. Y con intolerancias que esconden el miedo y la desconfianza.
“Hay que nacer de nuevo... para ver y entrar al Reino de Dios” (Jn. 3, 1-15), dice Jesús.
Y todo nacimiento se produce a través de un parto. Y un parto implica cambios profundos en todos los niveles del ser. Implica transformación. Estar dispuestos a abrirnos a lo nuevo, salir de prejuicios y creencias de siempre, de lo conocido, a buscar, a cambiar, a transformarnos.... a veces más allá de nuestro corto entendimiento. Muchas veces en el misterio… y en la incertidumbre de lo que encontraremos.
¿Será por eso que algunos jamás se embarazan, otros abortan, y muchos prolongan el parto para toda la vida? Pocos se arriesgan...hasta el fin.
Pero no hay nacimiento sin cambio.
Sólo desde ese nacimiento espiritual se puede conocer e interpretar lo espiritual.
Y no es por polvos mágicos que caen del cielo, es una decisión y nuestra responsabilidad.
En esa búsqueda empiezan a pasar muchas cosas.
Caen muchas cosas que creíamos infalibles o seguras... partiendo por la misma infabilidad. Abrirnos a lo nuevo no es nada fácil. Jamás lo ha sido. Por eso asesinaron a Jesús. Los ignorantes que creían sabían...
Hay que salir de la ignorancia....y la arrogancia, su hermana. De siglos de ignorancia y malas interpretaciones. En la era de la información y la ciencia, debemos de verdad in-formarnos, es decir, dar forma a nuestro interior. Leer, preguntar, dialogar, oír, oírnos, contactarnos con nuestro ser interior, con nuestra necesidad profunda ... ayudarnos en ese parto nuestro, que es del espíritu. Salir de la pasividad, el conformismo y la pereza hacia la búsqueda. También de los resentimientos que encadenan.
Como el hijo pródigo, que también hubo de renunciar a lo conocido, a su casa y su padre, y salió en busca de su vida, de su verdad. Y volvió nuevo, otro ser. Tal vez se equivocó... o se cayó, o pecó...pero encontró o se encontró. Porque se oyó, pudo oír, y dejarse abrazar y amar. La búsqueda de Dios y la de sí mismo es lo mismo. Y no sólo las creemos diferentes, sino antagónicas.
En el corazón, en nuestros latidos está y vive Dios... no es por allá... es aquí dentro de nosotros... Está en nosotros... pero nos han convencido que está por allá lejos en su cielo. . ¡Es que hay tantos engaños que parecen verdades!
Nacer de nuevo… una gran oportunidad que nos da la vida… y de nosotros depende si escuchamos. La fe no es un don, la fe es más bien una opción, una necesidad, un oído abierto, un corazón abierto… un anhelo. Una seguridad profunda con pocas certezas. Un abrazo de amor… en medio del misterio. La única certeza del amor… en medio de muchas interrogantes.
Y queremos cambiar ese abrazo por certezas racionales incuestionables… que nos alejan del amor y el misterio… y nos hunden en la arrogancia y la intolerancia. Un muy mal negocio.

7 Comments:
Pilar
Estoy muy impresionada con lo que escribes. Te leí hace un par de días, pero no te pude contestar porque quedé muda...
La fuerza con la que escribes me dejó "pa dentro", como narras de tus ascensos y caídas,y de tu dificultad para integrar esos contrastes. Pueso así, en blanco y negro, es lo mismo que me pasa a mi,pero en un proceso inconciente.
No tengo esa confianza basal que me sujeta y me da calma en medio de tanto cambio y movimiento. Lo que más me impresiona es que fué precisamente eso lo que percibí de ti hace algunos días en tu casa (Gracias por tu precioso comentario!!!!)y también lo que describes como la falta de fronteras entre lo espiritual y lo no espiritual.
Por otra parte, lo que escribes aceca de la confianza sin certezas, de que comprendes poco pero sientes mucho, me hace añorar mi confianza de la infancia.
Que buena tu invitación tácita a dejar de ver la diversidad como amenaza...la neurosis del miedo,
que no nos deja ni inventar, ni imaginar, ni soñar...
Me quedo pensando que es más en la sombra que en la luz en que se nos devela, precisamente, la luz.
Almuerzo pendiente: estoy hasta el viernes y vuelvo el lunes
Bello tu escrito Pilar, la interpretación que me gusta de espiritualidad es la aceptación del todo, superando nuestros egos que nos hacen creernos seres individuales.
Y importante la invitación a nacer de nuevo, si nos quedamos retrocedemos, evolucionar es contranatura.
Un abrazo
Preciosa tu nota, me sorprende ese juego que haces con el ámbito espiritual, eso de la luz y las sombras, además que noto como vas ganando fuerza en tu narrativa, está apareciendo tu verdadero estilo, un abrazo,
Se supone que estoy de vacaciones desconectado, pero, la tentación de leerte junto nuestros amigos, ha sido demasiado, y, simplemente, he sido arrastrado por esas nostalgias.
Gracias una vez más, por la velada bloguera, en que pudimos apreciar tu calidad humana , además de las capacidades logísticas como anfitriona.
Un abrazo
Me quedé pegado en tu frase "La búsqueda de Dios y la de sí mismo es lo mismo"; me parece que mil veces he peleado con defensores de justamente lo contrario, y hasta podría ser que años atrás también contigo discutí al respecto; había que olvidarse de si mismo, y nunca entendía eso.
Al leerte pienso que la historia vivida de cada uno es el gran maestro, pero igual creo que hacen falta ejemplos vivos de tipos evolucionados espiritualmente, que nos pongan en las sintonias adecuadas para entender. Sino no hay caso; con la cabeza solo podemos compartir nuestras experiencias y aprendizajes y estos son leidos por el otro desde su historia e interpretaciones.
Añoro un maestro potente en lo espiritual; si ahota hasta el Goycolea del Valle de Elqui se cayó, dicen.
Rivera Letelier, el escritor pampino, decia que "No creo en Dios , perio Dios cree en mí y por eso me ha puesto gente buena en el camino..." Estoy cierto que tu camino está plagado de gente buena.
Pilar, no te conozco, pero quiero agradecerte el poder leer tus reflexiones. Me gusta el concepto de que no se puede decir que es espiritualidad y que no. Para mi también es dificil hacer la diferencia. Cuando estoy completamente inmersa en el presente, haciendo lo que sea, me siento profundamente conectada con lo espiritual. Creo que la vida es espíritu y cuando cerramos aquella puerta, dejamos de existir en plenitud, solo sobrevivimos.
¡¡¡Con qué fuerza te brota lo tuyo!!!
¿Cómo estuvieron esas vacaciones por el sur?
Un beso y te felicito...
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