sábado, abril 08, 2006

CRISTO: ¿UNA VERDAD O UNA PERSONA?

En el Mercurio del domingo, y al medio de los artículos citados en la nota anterior, viene el artículo de Carlos Peña, agnóstico, también de religión, que dice:
“Para Ratzinger –y es de suponer, para cualquier católico de veras- la religión no es una forma entre otras de sobrellevar los pesares de este mundo. Tampoco es una forma de ética, un código de comportamiento, excelso y cuidadoso. Cumple esas funciones por supuesto; pero la religión -la católica, se entiende- es ante todo una verdad revelada incompatible con la pluralidad de dioses. Una de las novedades de la fe cristiana sería la “diferenciación mosaica”: la distinción entre un Dios verdadero y un puñado de otros falsos. Afirmar la verdad del cristianismo es entonces la primera tarea de los creyentes. Por eso el “credo” está en el centro del cristianismo”.
“No imagino, dice Peña, qué sintió ese puñado de católicos partidarios de la pluralidad religiosa, del divorcio y de la píldora al leer estos conceptos severos. Tampoco soy capaz de imaginar que pensará esa mayoría que vive su catolicidad como un sucedáneo de los ansiolíticos”.

Algo me dejó incómoda tras leer el artículo… ¿Será eso ser cristiano?
¿Será la primera tarea de los creyentes afirmar la verdad del cristianismo?
¿No será más bien “afirmar” el amor?
El amor es la verdad porque no hay verdad sin ese amor; sin amor se convierte en abuso esa verdad. Y está lleno de esos abusos violentos en la historia, por el deseo de imponer la verdad del cristianismo, traicionando incluso al mismo Cristo.
¿Será la distinción entre un Dios verdadero y los otros falsos, la primera tarea de los creyentes como dice Ratzinger, citado por Peña?
Son muchos los que creen en un único Dios y no son cristianos. Y a quienes también se les ha revelado verdades del hombre y de Dios y que no son cristianos. No creo que tengamos la exclusiva de la revelación, así como lo creía el pueblo judío. Por sentirse exclusivos, precisamente por sentirse los únicos escogidos y con la única verdad, no pudieron reconocer la verdad y la novedad del enviado de Su Dios. No pudieron abrirse a una manera nueva de Dios, la Buena Nueva, porque creían la única posible era la antigua.
No creo que lo que me defina como cristiano es creer que tengo la verdad total, única y absoluta.
Y somos muchos ya los cristianos que pensamos así.
Lo que me define como cristiano no es una verdad por revelada que sea, lo que me define es UNA PERSONA, LA PERSONA DE JESUS. Y justamente el “credo” que dice estar al centro del cristianismo, es lo que ha dividido el cristianismo. Lo han dividido esas creencias, las doctrinas humanas sobre Cristo… si hubieran estado arraigado en la persona de Cristo tal vez no se habrían dividido los cristianos.

Hay tantos pasajes bíblicos donde Jesús ensalzó la fe, ¡sí la fe!, de tantos NO CREYENTES. ¿De qué fe hablamos si no creían en la religión? No tenían religión, pero tenían fe en un Dios que los ama y no los abandona. Y por eso reconocen a Su Hijo, como la manifestación de ese Dios en que intuitivamente creían y no conocían, pero necesitaban.
Lo que me hace católico no es creer que tengo la única verdad, sino creer que la verdad de Jesús es universal, es inclusiva, y no diferencia entre los que creen o no creen en doctrinas. Diferencia entre los que necesitan y no necesitan, entre los que juzgan y no juzgan, entre los que incluyen y los que excluyen, entre los que se sienten pobres y los que ya están satisfechos, incluso entre los que se dirigen a Dios con temor, entendido como el deseo de no ofenderlo, por sobre los que se dirigen a El creyendo sabérselas todas y hablando tan seguros en Su nombre. Los religiosos de la época no pudieron aceptarlo porque estaban sentados seguros en sus doctrinas, y lo nuevo de Jesús les pareció herejía.
Los que nada sabían de religión, los pobres y necesitados y excluídos por su raza e ignorancia, fueron los que aceptaron y recibieron a Jesús. Fue a esos a los que Jesús alabó por su fe.
No soy cristiana por tener una verdad mejor o más sapiencia que otro hermano, ni por tener la única y absoluta verdad. Soy cristiana porque amo a Jesucristo, porque creo lo que El creyó, porque reconozco absolutamente como mío al Padre que El me presentó, y por eso mismo reconozco la absoluta dignidad de todos los hijos del Padre. Porque sé, con total certeza interior, pero indemostrable con la razón, que las palabras de Jesús hacen eco en mi interior, que lo que el dijo de sí mismo lo puedo decir de mi misma, que Su Padre es el mío, y sus sentimientos son los que yo reconozco en el Padre, y su oración la puedo hacer mía al Padre… y creo, absolutamente creo, que ese Padre es padre de todos sus hijos, crean en lo que crean, y somos hijos suyos… seamos lo que seamos. Creo que cada hombre es imagen y semejanza de Dios… más allá de culturas, razas y creencias…. Y que todos llevamos el ADN de Dios en nosotros. Dios nos ama hasta… regalarnos su imagen. A cada uno de nosotros, hasta al más feo de los feos. El cuento del patito feo, estoy segura que fue inspirado por Dios. ¿Lo hemos comprendido?
Y eso es más que una verdad única y que un Credo. Más aún los hombres podemos no creer en lo mismo, pero si creer en la dignidad y en el espíritu de los hombres por sobre sus creencias y credos. Y eso es lo que creía Cristo. Y lo que vivió.
Podemos amar a los diferentes, siempre que no queramos imponerles nuestra verdad. Siempre que pongamos el amor y la dignidad como la primera verdad.
Soy cristiana porque amo la Palabra de Dios que sí creo que fue revelada a los hombres y que por eso mismo, tienen mucho también de los hombres. Creo que compartimos un mismo espíritu con Jesús y el Padre, y que ese espíritu está ávido por revelarse y manifestarse, pero debemos creer que todos llevamos ese espíritu como huella imborrable. Creo en el hombre porque creo en Dios. Y creo en Dios, aunque no lo pueda explicar, porque me moviliza, me recrimina, me expande, me fascina, me reta, me interpela, me emociona, me hace reflexionar, es todo como si fuera otro… sin verlo físicamente…. pero está. No es un credo ni una verdad, es una persona.
Estoy segura que Pedro, Magdalena, Juan y tantos otros no se dejaron movilizar por una verdad racional sino por una Persona.
Peña se pregunta qué sentiremos los partidarios de la pluralidad religiosa, del divorcio y de la píldora de las palabras de Ratzinger. Yo le contesto que pena, porque con la prepotencia que significa creer que se tiene la única y absoluta verdad, es imposible sentarse a dialogar con los otros “inferiores” que no están en “su” verdad. Ni siquiera vale la pena escucharlos.
Me recuerdo de las palabras de Jesús… hay que ser el último para ser el primero… el último…. EL ÚLTIMO… para ser el primero en el reino de Dios… que, recordémoslo, no es de este mundo.
Sería bueno tal vez reflexionar esta semana santa en las palabras de Pilatos a Jesús…. ¿QUE ES LA VERDAD?
Justamente esa que Pilatos tenía al frente y no comprendió.

5 Comments:

Blogger Sol.. said...

Jamás me alcanzará quien anteponga su verdad..

Grcias por invitar a una tan valiosa reflexión!

Besos!

4:16 AM  
Blogger isabel pla said...

A propósitp de prepotencia, no me pierdo las columnas de Peña. Tiene ciertas fijaciones y se da vueltas todo el año en las mismas. Te deseo un lindo viaje al interior de tu alma e inspiración en esta Semana Santa.

7:02 PM  
Blogger Andrea Brandes said...

Pilar
Sábes que más siento...? Siento vergûenza frente a los creyentes de otra fe, de que la postura oficial de nuestra Iglesia muestre una coherencia retórica impecable, y una incoherencia valórica total.
Qué pensaría Cristo de las doctas palabras del cardenal Ratzinger?
Si el foco de tu quehacer es el amor po la humanidad, encarnado concretamenente en un actuar amoroso, entonces la arrogancia de la Iglesia no tene cabida.

Te quedo debiendo la poesía de Borges, aquí va una mía (pálido intento de algo..)

Oración del Lago Yanquihue

DIOS
que nada malo
brote de mi vida
que incluso la sangre
que sale de la herida
fluya en paz.
Así seré
mi propia consentida
habitaré el centro
de mi tierra prometida
no sólo mía
sino de todos los demás.

8:15 AM  
Blogger sotero said...

Sin dudas el tema es potente , central y apasiona. El señor peñas, pareciera ignorar que el sufrimiento no es un castigo que deja a dios justificado ni tampoco un simple limite de nuestra finitud es sencillamente un escandalo, producido por la pereza de los bien situados. Justamente la religion nos presenta una via de escape a este problema humano, no con la retrograda ortodoxia(que algunos catolicos aún adoptan)sino con la simple vision de amor expresada en la libre aceptación de la gratuidad. Esto no implica entonces ponernos al hombro los pesares humanos , ni por lo pronto culparnos de ellos, por el contrario nuestra labor entonces es conocer a cristo para entendernos dentro de nuestra pobre relaidad y alentarnos con la esperanza de cambiar nuestra pobre realidad.
El discurso de peña , acorde con los tiempos , suena pero no golpea, es decir bien calibrado y dirigido pero habla solo superfialidades, cuestiones de "postre", como lo el monoteismo o la legitimacion de las religiones, que constituyen elementos secundarios, que forman un resistido y odioso plato de egos.
Es dificil creer en dios y vivir el mundo , pero solo entrando al fondo y solidariamente al escandalo se podra hallar un camino de salida. te recominedo que leas "las tentaciones de job" de antonio bentue. te felicto por plantear estos temas.

8:42 PM  
Blogger Pilar said...

Sotero... gracias por la recomendación del libro, lo buscaré y lo leeré. Siempre me apasiona todo lo relacionado con la vida espiritual y con Jesúcristo. Y me es difícil tanta y tanta mala interpretación... y tanto acomodo. Un abrazo.

10:28 AM  

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