sábado, abril 01, 2006

DE LA MORAL AL AMOR II

Sigo con el mismo tema. Y dale...
Pero es que siento impotencia… pena y rabia..
Tantos juicios de tantas partes… sobre todo de aquellos que se sienten tan cristianos, tan morales, tan buenos… y aparecen tan lapidarios.
Ojalá fueran más malos… y más humanos.
Se sienten con el derecho de juzgar las vidas y los actos de los demás sin pudores… sobre todo de los que han roto algunos esquemas, como un divorcio, una opción diferente a la convencional… o lo que sea.
Y de tal magnitud es su juicio, que parece que extendieran casi como el certificado de defunción de aquel a quien juzgan…. De verdad no le dejan salida a ese “infeliz”… el cementerio parece ser la única salida con algún dejo de dignidad para esos miserables… Pero tampoco lo entierran, el cementerio es demasiado silencioso… y les gusta el ruido y la trompeta para denunciar su acto pecaminoso.
Parece que no pueden ver en el condenado más que su pecado… y si es de la carne mucho peor. No hay pasado, ni historia, ni otras acciones, es sólo “ese” pecado. No se habla nada más que de “esa” acción…que ejerce una magia sospechosamente seductora sobre los jueces… que no se sabe si se gozan más por su venganza, a veces envidiosa, o por todas las fantasías imaginativas que se tejen en torno a su “pecado” para justificar tamaña condena sin derecho a defensa.
Me pregunto con impotencia:
¿Será tan importante esta acción de este ser humano dentro del universo? ¿Dentro del tiempo y el espacio? En cien años más, ¿la juzgaremos igual? Y me pregunto: ¿será sólo ese acto ese ser humano o será algo mucho más que eso? ¿Será como lo pensamos o es mucho más que nuestros pensamientos y emociones?
¿Quién es de verdad ese que nos merece tanto desprecio y condena?
¿Qué habría dicho Jesús en su defensa? Porque estoy segura lo habría defendido como a la pecadora, como a Zaqueo, como a la samaritana, como a los publicanos, como a tantos pecadores despreciados de su época.
“El que esté libre que tire la primera piedra”.
Lo peor es que en su ceguera hoy tantos se sentirían libres y tirarían esa primera piedra sin problemas… creyendo hacer justicia, creyendo actuar en nombre de Dios. Aquellos que creen también en un Dios que tira piedras a sus hijos cuando no hacen su voluntad…. Aquellos que creen que con sus méritos compran a Dios… que creen que Dios es un gran negociador, que es un Chicago boy que se rige por las leyes del mercado. Aquellos que creen que el infierno es para todos los demás menos para sí mismos… o aquellos que viven aterrados por el castigo de Aquel a quien dicen adorar y glorificar, pero jamás amar.
Somos tan livianos para juzgar, condenar y tirar las peores y más pesadas piedras. Esas que matan en medio de nuestra impunidad.
Despertemos, sacudámosnos, miremos, oigámonos… y veamos si somos de esos tiradores de piedras. Y si lo somos, recibamos la reprimenda de Jesús y vayámonos en silencio de vuelta. Callados, reflexionando. ¿Por qué nos gustará tanto ver y denunciar los pecados de los demás? ¿Para justificar el nuestro? ¿Para justificar nuestras desgracias, represiones e inmovilismos pasivos? ¿Para sentirnos menos pequeños o más grandes?
Afortunadamente el otro, cualquier otro, todo otro, es más, ¡mucho más!, que lo que pensemos de él. Y nosotros también somos mucho más de lo que otros piensen de nosotros. Somos mucho más que esos actos con que nos juzgan y definen. Somos más que nuestros mejores pensamientos… y que los peores también.
Somos mucho más que todo eso.
Somos seres espirituales, imagen y semejanza de Dios, eternos y trascendentes… eso es lo que más somos. Mucho más que los buenos o malos actos que hagamos o dejemos de hacer en ese pequeño espacio de tiempo que tomamos forma humana. Somos eternos, somos más que esos 50, 60 ó 70 años que nos toque vivir. Somos para siempre y por siempre. Y ningún acto, ni bueno ni malo, puede borrar eso que más somos, ni eternizarse hasta definir la calidad de nuestra eternidad.
Ojalá todos reflexionáramos en quienes somos. Porque eso que somos es también ese otro. Y cada otro. Y así nos costaría mucho más condenar a ese otro incondenable, matar a ese otro que es eterno, ver sólo la carne de ese otro que es espíritu. Y sobre todo espíritu, porque la carne muere… pero el espíritu sabemos que no muere. ¿Cómo condenamos y despreciamos a aquel que está condenado a ser eterno e hijo de Dios?
El que no ama a su hermano a quien ve…. no puede amar a Dios a quien no ve. ¿Hemos entendido esto? Si amamos a Dios en nuestro hermano, y condenamos a nuestro hermano entonces condenamos a Dios, cuando tiramos piedra a un hermano se la tiramos a Dios. Y si defendemos a un hermano, si miramos su espíritu más que su carne, si miramos la imagen de Dios que es más que su pecado… estamos amando a Dios y la hermano porque son lo mismo.
No puedo separar a Dios de mi hermano. No puedo disociar a Dios de mis hermanos y de la vida. ¡No puedo! Y cada vez que tiro una piedra a otro… se la tiro al mismo Dios. Y cada vez que atajo una piedra que iba hacia mi hermano… le ahorro un piedrazo también a Dios

7 Comments:

Blogger Myk... said...

Somos carne y espíritu, somos almas creadas por Dios... Y por lo mismo creo que nuestra función es construir y no destruir al prójimo, aconsejar y no juzgar y si hemos de juzgar que sean nuestros actos los que reciban ese juicio.
Ojala la visión de las cosas sigan cambiando con los tiempos, pero eso si, espero que ciertas cosas que no cambien, como los valores y la belleza del espíritu humano.
Que nuestra escala de valores sigan intacta y solo se modifique para ser mejorada...Y, por favor no juzguemos a aquellos que nos juzgan, mejor entreguemos nuestro ejemplo como paradigma de reconciliación y de ayuda...

Un beso, es un agrado pasar por este lugarcito...

10:06 PM  
Blogger Cococita said...

Te vi en el blog de emparejada y sentí curiosidad...buen blog el tuyo..en cuanto a tu post..es cierto..concuerdo con myk.
Confío en ser juzgada por DIOS por mis actos, sólo EL es nuestro Juez.
Un besito...cuidate.

10:24 PM  
Blogger isabel pla said...

Pilar, este si que esun post con un profundo sentido de lo que al menos yo entiendo por cristiano. El personaje que tu describes (y que está en todas partes, a veces más cerca de lo que uo quisiera), simplemente no es un católico comprometido, porque falta justamente a lo único que nos pide Jesús con insistencia: caridad y capacidad e perdonar. Nuevamente creo que es muy importante tener presente que Dios no es ni la Iglesia ni los que andan pregonando ser su representantes en la Tierra. Gracias por tu visita.

11:33 PM  
Blogger pilar eyzaguirre said...

myk: De eso se trata, de tomar conciencia y cambiar y mejorar... dejar de comernos y hacernos zancadillas... y empezar a respetar nuestras diferencias y querernos como hijos de un mismo Padre y, por ende, hermanos. Gracias por tu profundo y bello comentario.

Cococita: Yo confío en ser más amada que juzgada. Y lo veo más como Padre, que como juez. me gusta conocerte. Un abrazo.

Isabel pla:Si bien Dios no es la Iglesia, aún tenemos mucha formación y doctrina de Iglesia... y hartas veces los confundimos a ambos. Y, entre otras cosas, se nos han pegado la intolerancia, el juicio y la condena. Por eso es bueno tomar conciencia. Fue muy rico conocer tu blog; te visitaré muy seguido.¡Hasta pronto!

3:59 PM  
Blogger José Luis Contreras Muñoz said...

Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro.Tu post abre conciencias.

9:27 PM  
Blogger pilar eyzaguirre said...

Jose Luis... nos cuesta nuestra viga... pero al menos es importante que reflexionemos y adquiramos conciencia de ella... y del valor de los demás. Un abrazo y gracias por tu visita.

9:45 PM  
Blogger Carmen Gloria Gorigoitía C. said...

estoy contigo Pilar ....
Sigue escribiendo desde tu corazón al corazón de los hombres ... es un ruido silencioso sin embargo potente ... tengo la certeza DARÁ FRUTOS!!!

Cariños

4:20 PM  

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